Esos malditos chimpancés mentirosos...

Deborah y Roger S. Fouts son un matrimonio de estadounidenses de psicólogos comparativos del Instituto de Comunicación entre Humanos y Chimpancés de la Universidad Central de Washington y expertos en los chimpancés, esos bellos animales que son conocidos como los "primos hermanos" de los hombres gracias a su gran similitud entre nuestros genes. Esta semana han estado en Barcelona invitados por CosmoCaixa y la Fundación Mona para dar una serie de conferencias relacionadas con su estudio de la comunicación entre los chimpancés y los humanos. Las conclusiones a las que han llegado este matrimonio de investigaciones son más que curiosas: los chimpancés no solo son capaces de aprender perfectamente el lenguaje de signos, sino que además pueden aprender a usarlo para mentir e incluso para hacer poesía.

El estudio realizado para llegar a esta conclusión (que ha cayado las bocas de muchos científicos que menosprecian a los animales o los consideran inferiores a los humanos) ha sido bastante simple. La familia acogió a un chimpancé hembra recién nacido y lo crío como si se tratara de una niña sordomuda, enseñándole el lenguaje de signos. Washoe, que así se llamaba el chimpancé, fue capaz de aprender más de un centenar de expresiones en lenguaje de signos y de comunicarse con "sus padres". Les decía cuando tenía hambre, cuando estaba feliz, cuando triste...

Lo más sorprendente llegó cuando un día, el pequeño chimpancé se acercó a Deborah y le contó que Roger le había pegado reclamando un abrazo de su madre. Cuando la psicóloga fue a regañar al supuesto agresor, ambos se dieron cuenta de que Washoe había mentido solo para recibir el abrazo de su madre.

Aún más sorprendente es cuando Washoe comenzó a decir "llorar, llorar; rojo, rojo; silencio, silencio; divertido, divertido", algo que fue un enigma para estos psicólogos durante semanas. Al final, descubrieron que ne el lenguaje de signos estas palabras tienen una estructura similar, y crean un movimiento bastante armónico al representarlas. Washoe estaba escribiendo una poesía...

Así que ya veis, con cada nuevo estudio se demuestra que la barrera entre chimpancés y humanos es una línea muy delgada, y más psicológica que real. Quizás es que nos da miedo admitir que no somos tan diferentes al resto de seres vivos, porque eso supondría admitir que del modo en que los tratamos somos mucho más animales que ellos...

Fuente | Vagos.es

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